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La actuación de Deniz Aytekin en el encuentro que acabó con remontada histórica del Barcelona distó mucho de ser la adecuada para un partido de estas características. Se puede decir que el árbitro de 38 años y escasa experiencia en partidos de élite internacional metió la pata hasta el fondo y siempre perjudicando al PSG, que vio cómo le birlaban dos penaltis, le señalaban dos que no eran y, para colmo, prolongaban el partido con cinco minutos de descuento que nunca debieron ser añadidos. De nada valió la deportividad con la que afrontaron los de Emery el segundo tiempo del partido, la losa del gol de Sergi Roberto les llegó cuando el partido ya debía estar acabado. 

No se entiende de dónde sacó Aytekin los cinco minutos de descuento con los que el cuarto árbitro dio esperanza al público del Camp Nou. Viendo los tres de añadido de la primera mitad se puede explicar la decisión por un afán de alargar los partidos del colegiado alemán, que en ningún caso aplicó correctamente el reglamento, beneficiando, en un ámbito más, al Barcelona. 

El árbitro, semi desconocido en el panorama internacional, no tuvo que parar el cronómetro del partido en toda la segunda mitad, más allá de los cinco cambios realizados por Luis Enrique y Emery antes del descuento –Krychowiak entró en el 93–. A 30 segundos por cada una de las sustituciones, el tiempo a descontar es de dos minutos y medio, tres si sumamos mínimos parones que refrenden un redondeo hacia arriba, pero nunca los cinco que acabaron permitiendo el gol salvador de Sergi Roberto.

Los 10 segundos que tardó Aytekin en cambiar su opinión sobre la caída de Neymar en el penalti que significó el 3-0 fueron una mínima razón por la que el Barcelona podría obtener de un tiempo más allá del gastado en los cambios para culminar su remontada. El árbitro señaló la pena a instancias de su asistente de área, en una decisión que favoreció al equipo culé, además de no suponer una carga de tiempo considerable.



En los 15 minutos que pasaron desde el 3-0 de Messi y el tanto de Cavani, el partido se jugó a mil revoluciones. El PSG, asustado por el resultado, quiso buscar el gol que frenara la euforia del Barcelona, que soñaba con una remontada a la que solo le quedaba un paso más.Verratti protesta al árbitro durante el Barcelona-PSG. (AFP)

Con el gol de Cavani se calmó el conjunto de Emery, pero mostrando un nivel de deportividad máximo, y prueba de ello es que el sensible Aytekin no tuvo que amonestar a ningún jugador del PSG en toda la segunda mitad por pérdida de tiempo.

Realmente, los parisinos no vieron ninguna tarjeta en los 45 minutos reglamentarios del periodo, siendo Rakitic y Suárez los únicos sancionados con amarilla en este tiempo, demostrando en el caso del ‘9’, que vio la amarilla por simular una caída dentro del área, que si alguien perdió el tiempo con sus artimañas fue el Barcelona. En el tiempo de descuento, Marquinhos, por el penalti a Neymar, y Verratti sí fueron amonestados.
Deportivo PSG, antideportivo Aytekin

Con el 3-1 en el marcador, el periodo entre el minuto 62 –tanto de Cavani– y el 88, cuando Neymar marca el cuarto, la única pérdida de tiempo es un choque fortuito y real entre Trapp y Thiago Silva en el que el brasileño cae al suelo durante poco menos de 30 segundos por un duro golpe en el costado. Ni siquiera entraron las asistencias al terreno de juego en una jugada que estaba anulada por posición antirreglamentaria de los jugadores del Barcelona.

Hay que esperar al 85 para volver a ver una camiseta blanca del PSG tendida sobre el césped del Camp Nou. Fue Di María, en la jugada en la que sufre el penalti –reconocido– de Mascherano. Aytekin no creyó conveniente señalar los 11 metros, como tampoco parar el partido con un jugador retorciéndose de dolor. Sacó de inmediato el Barcelona. Aurier, un minuto después, salvó el gol de Neymar poniendo su pecho ante el fusil del carioca y quedando prácticamente sin respiración, pero Busquets y el árbitro, de inmediato, acudieron a levantar al defensor.

No había tiempo que perder, ni tampoco que añadir, pero Aytekin, con suspense, decidió prolongar cinco minutos de descuento, en vez de los tres que debieron señalarse con el reglamento en la mano. Cuando Neymar se disponía a lanzar el penalti que se convirtió en el 5-1 –previo piscinazo de Suárez– el cuarto árbitro ya había levantado la tablilla con el tiempo de descuento, que acabó sirviendo de último empujón más que decisivo para el Barcelona.