Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Nada más conocerse el cruce de cuartos de esta fase final de la Champions League, en mi interior se pusieron en funcionamiento todas esas sensaciones que afloran cuando te enfrentas a un reto, un gran reto.

Lejos de dejarme llevar por las sistemáticas tonterías que nos llegan desde los medios tradicionales, mi cabeza se remonta treinta años atrás, cuando equipos que ahora se creen grandes, miraban hacia Madrid siendo meros observadores del mejor fútbol global, allí estaba el Real Madrid C.F., en el lugar que le pertenece, donde siempre ha estado y donde siempre permanecerá.

En liza estaba la Copa de Europa de la temporada 1987/88, en la misma ronda que el destino ha querido que ahora se crucen, Real Madrid C.F. y F.C. Bayern irían a enfrentarse en lo que siempre se ha denominado el “Derby Europeo”. Este partido a lo largo de la historia se había convertido y seguiría haciéndolo en el cruce con más morbo, más lucha, más garra sobre el 120x90 continental.

Atrás quedaban choques recordados por todos como el de la agresión de un espontáneo al árbitro Linemayer en las semis de la temporada 1975/76, el pisotón de Juanito a Lothar Matthäus en la 1986/87, la caída de objetos contra el portero Pfaff en la misma temporada, etc. Pero la afición madridista cuando se trata de copa de Europa… huele a sangre y si la vuelta es en el Bernabéu… cuidado.

El partido de ida se jugó en el antiguo olímpico de Munich. Tras un comienzo dubitativo lleno de errores defensivos y un comienzo de la segunda mitad no menos malo, el club germano se adelantó en el marcador con un rotundo 3-0 y pasaba por encima del Madrid de “La Quinta”. Con la losa encima de ir perdiendo 3-0 y con los nervios calmados del “no lo podemos hacer peor”, el Real Madrid empezó a jugar, a mover más y mejor el balón y fruto de ello llegaron los goles de Butragueño en el min. 85 y de Hugo Sánchez en el min. 90 que trasladaron esperanza a los corazones madridistas que soñaban con vencer a los bávaros en el partido de vuelta que se jugaría en casa, en el Santiago Bernabéu.

Aun con estos antecedentes y todo lo demás, para un crio de poco más de diez años le costaba entender el porqué de todo este alboroto, ¿Quién era ese Bayern que hacía que a la afición madridista se le encendieran los ojos en las vísperas del partido? ¿Por qué la gente tenía tanto miedo a este equipo? Estas preguntas no tenían hueco nada más que en la cabeza de un niño que ya había visto a su Real Madrid ganar dos copas de la UEFA seguidas, haciendo grandes remontadas, eliminando a alemanes, italianos, belgas y haciéndose finalmente con el título tras vivir noches de ensueño, pero no tenía claro quiénes eran estos alemanes tan odiados.

Pero esto era la Copa de Europa, esto era ganar para ser el mejor, ganar para ser el Rey de Europa y ganar al Bayern Munich. El Real Madrid había dejado en el camino al Nápoles de Maradona, al Oporto de Madjer y ahora tocaba el Bayern de Matthaüs, Brehme, Hughes, Rummenigge…
La mezcla de estos factores llenó el Bernabéu, se podía respirar el ambiente a Copa de Europa. Los corazones madridistas latían fuerte debido a una mezcla entre esperanza, emoción y pánico.
Ese partido rodó como el Madrid esperaba, el público llevó al equipo en volandas y el Bayern no pudo hacer nada para contrarrestar esa conjunción. Todo quedó resuelto en la primera parte, tras un comienzo fulgurante blanco, Milan Jankovic, tras un derechazo desde la frontal, fruto de una falta, puso el 1-0 en el marcador de Chamartín. El momento álgido del encuentro llegó en las postrimerías de la primera mitad. Por la banda izquierda se escapaba un extremo izquierdo con unos modos más que curiosos, que lo llevaban casi a lo cómico, pero que era terrible para los laterales, Rafael Gordillo, llevó el balón hasta casi la línea de fondo y lo colgó sobre el área germana, el balón sobrevuela el marco de Pfaff, que solo puede mirar el vuelo del esférico, y sorprendiendo a la defensa, llega desde atrás curiosamente el otro extremo del equipo, José Miguel González Martín del Campo, “Fenómeno Michel”, para conectar una volea que llevaría el balón a la red, la clasificación a la capital de España, el delirio a la grada y una locura desmedida a un veinteañero que estaba sentado dos filas más abajo de donde yo me ubicaba.

Este chico, que había “padecido” los sufrimientos de estos enfrentamientos más que yo, dejó su asiento, saltó hasta las escaleras contiguas, se puso de rodillas y lejos de gritar a los cuatro vientos, miró al cielo y rompió a llorar, a llorar de felicidad, a llorar por el Real Madrid C.F.

Este mes de abril tenemos otra oportunidad de la que solo los elegidos pueden disfrutar, este mes de abril nos volveremos a ver las caras con nuestro enemigo histórico y este mes de abril, otra vez, el Real Madrid saldrá a ganar y nosotros estaremos allí, en lo más alto, para que los demás sigan observándonos… desde abajo.

Pedro Glez.  

infoBETS


Espacio Publicitario