Cristiano es Dios. No hay otro jugador como él. Ni lo ha habido ni lo habrá. Su ambición, su pegada, su carisma, su liderazgo, su potencia y, sobre todo, sus goles guiaron al Real Madrid con paso firme hacia la final de Cardiff en el primer episodio de la semifinal ante el Atlético. Sus tres goles derrumbaron el muro de Oblak, un portero tremendo, que permitió que su equipo no se fuera del Bernabéu con una manita.
Zidane y Simeone ponían en el escaparate de la Champions a sus mejores maniquíes. Nada de rotar. Nada de reservar. Nada de proteger. El Real Madrid, con el once de La Undécima retocado por las bajas de Pepe y Bale. No había sorpresas. Varane al centro de la zaga al lado de Ramos, Isco a la mediapunta para aprovechar que está viviendo un romance con las musas del fútbol.
Simeone se decantaba por Lucas para ocupar el lateral derecho, cojo por las bajas de Juanfran y Vrsaljko, y Carrasco arriba para acompañar a Griezmann y Gameiro, tres jugadores capaces de ganar en una arrancada al McLaren de Fernando Alonso. Y llegaba la hora de la verdad, el primer asalto por estar en la final de Cardiff.
El derbi nació con prisas en ambos equipos como si estuvieran en una cita de Tinder. Presionaba arriba el Atlético y replegaba después haciendo el clásico acordeón táctico de Simeone. Manejaba la pelota el Real Madrid tratando de desencriptar el jeroglífico de la zaga rojiblanca. Una gran combinación coral del equipo de Zidane derivó en el primer disparo a puerta de Cristiano Ronaldo, que murió en el cielo de Madrid, capital de la Champions.
Simeone se había empollado el derbi. Se sabía de memoria al Real Madrid. Sacrificaba a Koke pegado a la banda derecha para tapar las subidas de Marcelo. Arriba, Griezmann y Gameiro dibujaban diagonales tratando de descolocar a los centrales. En el 6 Benzema falló el gol del siglo después de una pared gloriosa entre Carvajal e Isco en el pico del área rojiblanca. Al francés le cayó la pelota a medio metro de la portería de Oblak, pero tiró con la espinilla flojo y al muñeco.

Asedia el Madrid

Asediaba el Real Madrid al Atlético, que achicaba agua en pleno diluvio futbolístico de los blancos. Precisos y a uno o dos toques, los de Zidane gobernaban el derbi a toda velocidad. Y en el 9 exacto, era el minuto 9 en todos los relojes, era el minuto 9 en el Bernabéu, en el minuto 9, digo, llegó el 1-0. La pelota venía de un córner con todo el Atlético en su área. Ramos recogió el rechace, la puso, Savic despejó, Casemiro pegó una volea picuda que la devolvía al área el balón y allí Cristiano Ronaldo ganó por la mano a Savic y cabeceó a la red.
El Real Madrid obtenía a la segunda el merecido premio a su asedio. No la olía el Atlético. El acoso de los de Zidane era absoluto. En el 15, de nuevo a la salida de un córner, Oblak volvió a salvar a los rojiblancos. El cabezazo fue de Varane y el meta del Atlético voló de palo a palo para meter una extraordinaria mano. Keylor, atentísimo, replicó en el 17 al salvar un mano a mano ante Gameiro, que había ganado la espalda a los dos centrales del equipo blanco.
Pero el Real Madrid seguía mandando en el derbi con la firmeza de los muslos de Cristiano. El Atlético, sobrepasado como un camarero en feria, lo fiaba todo a enganchar alguna a balón parado o a la velocidad de sus puntas. El Madrid tocaba bien y presionaba mejor. Era como si el equipo A se hubiera picado con el equipo B. Carvajal y Marcelo estaban destrozando ellos solitos a la zaga rojiblanca. Sólo otra memorable actuación de Oblak permitía a los de Simeone aferrarse al 1-0 para mantener con vida la eliminatoria.
El Atlético perseguía sombras. El Real Madrid era una máquina de jugar al fútbol. Koke sujetó a Modric en el 25 para cortar una contra. Era la imagen de la impotencia que resumía perfectamente lo que habían sido los primeros minutos del derbi. Tres minutos después Benzema volvió a arañar el 2-0 tras una acción mágica de Cristiano y un acrobático remate de chilena que susurró al larguero de Oblak.

El derbi se calma…

El Real Madrid levantó un poco el pie a su presión furiosa, pero conservó el dominio del derbi. Respiraba el Atlético en los últimos minutos del primer tiempo, menos ahogado que en la media hora inicial. El duelo se tornaba en una balada. Se estiraban algo los de Simeone, quizá invitados porque el Madrid ya no iba a toda mecha.
La mala noticia para Zidane fue que Carvajal se rompió al filo del descanso, que se echó encima con el 1-0 quizá algo corto para la media hora inicial de los blancos. A Nacho no le dio tiempo ni a salir y se quedó calentando en la banda para jugar en la segunda mitad.
Que nació con ese punto de calma con el que había concluido la primera. Dominaba la pelota el Real Madrid, que replegaba líneas tras pérdida mientras el Atlético no se animaba a estirarse demasiado. Con alguna interrupción que otra, el derbi se enredaba. Los de Zidane empezaban a recular, entregar la pelota a los rojiblancos, y buscar la contra con un más descaro que el escote de una tronista.
La prudencia por no desordenarse convertía al Madrid en un equipo previsible. Isco no encontraba la inspiración y ni Marcelo ni Nacho estaban por la labor de echarse al monte. Seguían teniendo la pelota, sí, pero ya no asediaban el área de Oblak. Para el Atlético lo peor parecía haber pasado y el Cholo movía el banquillo: fuera Gameiro y Saúl, dentro Gaitán y Fernando Torres.

… y aparece Cristiano

A los dos equipos les entró el miedo a encajar otro gol, así que dejaron de atacarse. El Real Madrid calcaba el derbi del Bernabéu en Liga… y aquel día lo acabó pagando muy caro. Mejoraba el Atlético aunque sin terminar de asomarse al área de Keylor Navas. En el 63 Isco, que estaba amonestado, rozó la segunda amarilla en una falta sobre Koke, pero Atkinson ni se enteró de la jugada.
Zidane, con el Bernabéu pitando a Benzema, retiró a Isco, que se marchó ovacionado y fundido como el queso de un sandwich mixto. Entraba al campo Marco Asensio, uno de esos jugadores capaces de ganar un partido él solito. Simeone metía a Correa por Carrasco y agotaba los cambios del Atlético. El derbi ya era una guerra de trincheras, falta va, falta viene.
Un centro de Asensio cabeceado defectuosamente por Benzema fue la primera señal de que el Real Madrid había comparecido tras el intermedio. Corría el minuto 71 nada menos. Y en el 72, ¡para qué hablaré!, cayó el 2-0. Lo marcó, quién si no, Cristiano Ronaldo. El luso recibió un pase de Benzema en la frontal, ganó la pelota dividida a Filipe Luis, y se cascó una volea marca de la casa para batir a Oblak. Volvía a demostrar CR7 quién es el jugador más decisivo del mundo en los partidos grandes.
Zidane retiraba a Benzema para meter a Lucas Vázquez en busca de trabajo y dejaba a Cristiano de delantero centro a ver si cazaba otra. Que a punto estuvo de cazarla Lucas Vázquez tras otra maniobra magistral de Marco Asensio –que había vuelto a cambiar el partido– en banda. El Real Madrid volvía a desmelenarse y el Atlético estaba medio K.O.

Sentencia CR7

Y el tercero cayó en el 85. Seguro que no les doy una sorpresa si les digo que lo marcó Cristiano Ronaldo. Fue una contra, con todo el Atlético descolocado. Lucas Vázquez aceleró por su banda y se plantó a toda leche en el área. Allí la puso al punto de penalti y Ronaldo, sin que nadie le tosiera siquiera, controló y batió a Oblak con suficiencia en un disparo raso y colocado.
El Real Madrid, esta vez sí, se pertrechó atrás para guardar la ropa, aunque en cualquier contra podía caer el cuarto. Lo tuvo en sus botas Modric, pero la echó fuera. Esa fue la última ocasión de un derbi que gobernaron los blancos de principio a fin y en la que el Atlético se queda con un pie fuera de la final de Cardiff, que habrían sido los dos de no ser por su extraordinario portero.
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