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Para gallo, el Real Madrid. Y para gallo, pero gallo, gallo, Cristiano Ronaldo. El día después del eurogallo del representante español en Eurovisión –de cuyo nombre no quiero acordarme–, los blancos no dieron el cante. Encarrilaron por la vía rápida el duelo ante el Sevilla sostenidos por su descomunal pegada. Una pillería de Nacho abrió el marcador en el Bernabéu y un tanto de Cristiano Ronaldo, en su nueva versión de Hugo Sánchez, lo cerró.
Pero luego tocó sufrir. Sufrir mucho. Muchísimo. El Sevilla se creció y, después de perdonar lo imperdonable, Jovetic hizo el 2-1 nada más salir del descanso. Y cuando a los blancos se les complicaba el partido volvió a aparecer el gallo Cristiano para hacer el 3-1 con un golazo marca de la casa que devolvía el pulso al madridismo. Kroos, con el partido ya resuelto, hizo el cuarto en plena avalancha del Real Madrid.
El Bernabéu despedía a la Liga. Era el último once de Zidane en casa y, para variar, el técnico francés cambiaba medio equipo. Las rotaciones de Zizou son como los casos de corrupción en el PP: ocurren todos los días. Del once que sobrevivió a la somanta de palos en el Calderón descansaban Marcelo (ni convocado), Casemiro, Modric, Isco y Benzema. Entraban Nacho al lateral izquierdo, Kovacic y James al mediocampo, Asensio y Morata arriba.
El madridismo, que antes se hubiera mordido las uñas con tanto cambio, ya ha asumido con naturalidad que el Real Madrid es un ejército que gana batallas con cualquier soldado. Y a Zidane, como al Kim Jong-un, le sobran armas de destrucción masiva.
Apretó el Sevilla de salida, muy adelantada la defensa y muy juntas las líneas. Al Real Madrid le costaba circular la pelota y en el primer minuto Jovetic dio el susto al Bernabéu, aunque estaba en fuera de juego. En seguida tomaron el pulso al duelo los de Zidane con un Marco Asensio efusivo, incisivo y ubicuo jugando de centrocampista.
De sus botas nació el primer aviso del Real Madrid en el minuto 6. Asistió a Morata, que se descolgó por la derecha y la puso al área para el acrobático remate de Cristiano Ronaldo. El luso no enganchó bien la pelota y, además, Undiano había pitado fuera de juego. Dos minutos después el propio Morata tuvo el tanto en la punta de su bota, pero se le escapó un poco el control tras pase de Kroos y Sergio Rico le arrebató la pelota en el mano a mano.

Pillo Nacho

En el 9 el Real Madrid, a la tercera, logró el gol. Fue una pillería de Nacho. Undiano había pitado falta por una cornada de Carriço a Asensio. Nadie pidió barrera, todo el Sevilla se durmió, incluido su portero Sergio Rico y Nacho les robó la cartera a todos. Vio la pelota, la portería, tiró y marcó. Los futbolistas de Sampaoli se quedaron con cara de acelga. Protestaron. No tenían razón. El Bernabéu coreó el nombre de Nacho porque había demostrado no sólo ser el más listo de la clase, sino el alumno más concentrado. El defensa del Madrid fue un carterista y los hispalenses unos turistas despistados en el césped del Bernabéu.

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Nacho celebra el 1-0 ante el Sevilla. (AFP)

El tanto templó el ansia del Real Madrid, que comenzó a tocar a placer. Asensio gobernaba el partido demostrando que juega (bien) en cualquier posición. Un disparo tremendo del Mudo Vázquez se estrelló contra el palo izquierdo de Keylor Navas en el 19 y dio noticia de que el Sevilla no se iba a rendir fácilmente. Luego, un despeje medio raro y con los pies del meta tico a remate de Jovetic. El Bernabéu contenía la respiración.
Pero ya conocen la ley del fútbol: el que perdona, pierde. Dos minutos tardó el Real Madrid en penalizar los errores del Sevilla. Fue un robo de Marco Asensio a Correa. Condujo el balón, aceleró y se plantó en el área. Su disparo lo rechazó un jugador del Sevilla y acabó en los pies de James, cuyo tiro lo rechazó Sergio Rico. ¿Adivinan quién estaba por ahí merodenando el gol? Aciertan: Cristiano Ronaldo. El luso sacó su caña e hizo el 2-0 para alivio y delirio del Bernabéu.
Con la victoria apalabrada, el Real Madrid no levantó el pie. Siguió atacando sin descanso. Se agigantaba la figura de un Asensio que parecía clonarse para estar en todos los sitios. Respondió el Sevilla con una ocasión a la media hora, pero Correa estrelló su mano a mano en los pies de Keylor Navas. Y volvió a fallar Jovetic un minuto después. Su vaselina murió en el larguero del equipo blanco. ¿La suerte del campeón?

El Sevilla perdona… y marca

El Real Madrid se tomó un respiro y entregó la pelota al Sevilla. Los de Sampaoli empezaron a dominar el juego y a asediar el área de Keylor. Precisamente el portero costarricense evitó (otra vez) el gol de Jovetic con una mano salvadora tras una buena maniobra del delantero hispalense.
Al descanso se fue el duelo del Bernabéu con un 2-0 puede que inmerecido pero que sabía a gloria al Real Madrid. La diferencia había estado en la pegada y los de Zidane, como una camiseta blanca, pegan con todo.
En el arranque de la segunda parte el Sevilla siguió dominando. El Real Madrid se creía con la victoria en el bolsillo y se dejó llevar. Y a la quinta, o a la sexta, cayó el tanto que se habían merecido los de Sampaoli en el primer tiempo. Lo marcó Jovetic tras una pared con Correa. Marcó con un disparo suave y colocado ante el que esta vez nada pudo hacer Keylor Navas.
El Real Madrid pedía a gritos a Casemiro para equilibrar al equipo y a Isco para tener la pelota, pero Zidane no movía ficha. Morata, perdido entre los centrales del Sevilla, y James, intrascendente, estaban de cambio. Había movimiento de suplentes en la banda, pero no cambios. Mientras, los blancos sufrían y jugaban en el alambre.
En el 60 por fin Zidane se dio cuenta de que el Real Madrid necesitaba a Casemiro. Lo metió por James y a Lucas Vázquez por Morata. El colombiano, sabedor de que era su último partido en el Bernabéu, se despidió del público desde los medios como Curro Romero en La Maestranza.

Sufre el Madrid

Una falta de Cristiano en el 65 fue el primer síntoma de que había vida en el Real Madrid. La desvió Sergio Rico con las manos fuertes como las del rubio de Bricomanía. Los cambios dieron oxígeno al equipo de Zidane, que retomó el pulso a la pelota y recuperó el orden. Pero seguía sufriendo ante un Sevilla que no le había perdido (ni mucho menos) la cara al partido.
Modric apretaba el calentamiento y Lucas Vázquez percutía por la derecha. Zidane sabía que la Liga estaba en juego y metió croata por croata en el 70: Modric por Kovacic. En el Bernabéu cada minuto era un lustro y cada ataque del Sevilla era una taquicardia.

El gallo Cristiano

No corría el reloj. El madridismo respiraba cuando la tenía el Madrid y se mordía las uñas cuando la pelota era del Sevilla. Pero en el 77 apareció el gallo blanco, el gallo máximo, el gallo de la Liga: Cristiano Ronaldo. Fue el luso el que devolvió el pulso al Bernabéu. Asensio inició la jugada, Kroos asistió al portugués y CR7 la reventó a la escuadra de Sergio Rico. ¡Menudo gallo!
El gol desbocó al Real Madrid y acabó con las esperanzas del Sevilla. Ahí murió el partido. Kroos lo terminó de matar al anotar el cuarto en el 83 después de la enésima cabalgada de Asensio. Los blancos terminaron el duelo en el área hispalense y salvaron la primera de las tres finales que le quedan por la Liga, porque ya se sabe que el Madrid no juega las finales: las gana.

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