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Bendito problema. El pasado miércoles por la noche, el Real Madrid marcó un nuevo hito en su historia. Por segundo año consecutivo, el cuadro merengue se ha clasificado para jugar la final de la Champions.
Tras superar al Atlético de Madrid en una eliminatoria más que complicada, el conjunto de Zinedine Zidane se verá las caras con el otro finalista: la Juventus de Turín. El 3 de junio, Cardiff se vestirá de gala para acoger la gran cita.
Euforia en estado puro
Con 28 semifinales jugadas, 15 finales disputadas y 11 copas en sus vitrinas, los merengues pueden escribir este año un capítulo más. Y es que con la temporada al rojo vivo, el Madrid tiene en sus manos la opción de conquistar el Doblete de Oro.
Primero deben abordar la Liga; tres finales, que deben ganar sí o sí, les queda a los blancos para proclamarse campeones de la competición liguera.
Ahora bien, el segundo gran objetivo de la temporada es hacerse con la Duodécima. Zidane es consciente de que están a un paso de volver a hacer historia.
A partido único y ante una Juventus que se está marcando una grandísima temporada, los merengues deberán dominar si quieren revalidar el título de campeones de Europa.
Sin embargo, en este dulce sueño por el que los madridistas atraviesan también hay quebraderos de cabeza. Y es que Zizou ha logrado que la gran mayoría de sus hombres rindan a un nivel espectacular. Titulares o no, los futbolistas blancos se vuelcan con el equipo; motivados y dando la talla.
El jugador de moda
En este sentido, el caso más llamativo lo ha firmado Isco Alarcón. El futbolista malagueño fue uno de los nombres del partido de vuelta. El andaluz ha aprovechado bien la baja de Gareth Bale y está demostrando un nivel sublime.
Con jugadas mágicas y creando mucho peligro en el área rival, Isco ha callado muchas bocas. De hecho, ha puesto a Zidane entre la espada y la pared. Y es que el madridismo está volcado con el hombre de gracia en el Santiago Bernabéu: Alarcón.
Este altísimo rendimiento del malagueño pone contra las cuerdas al técnico francés de cara a la final. Se espera que Bale llegue a tiempo para el duelo clave que se jugará en Cardiff, su tierra natal, por lo que Zizou deberá escoger entre los dos cracks.
Por un lado, el galo ya ha aprendido la lección del Clásico: si Gareth llega justo no jugará. Por otro lado, nada hace pensar que el galés se pierda un encuentro como este. Así pues, el debate está en el candelero: ¿Isco o Bale?

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