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“Empecé la temporada un poco dubitativo, pero he tenido un par de huevos para sacar la situación adelante con ayuda del míster y de los compañeros, está siendo un gran año. Espero quedarme en el Real Madrid, es lo que he dicho siempre, ojalá pueda estar aquí muchos años”, comentaba Isco Alarcón a una de las televisiones con derechos para emitir la Champions. Y precisamente ése ha sido el secreto para que estemos viendo la mejor versión del talentoso jugador malagueño desde que recalara en el Real Madrid allá por 2013.
Como bien reconoció el de Arroyo de la Miel, el comienzo de campaña fue difícil para él. Una desafortunada lesión de tobillo le frenó y luego le costó coger la forma, pero nunca cesó en su empeño de hacerse un hueco en los planes de Zidane. Y a diferencia de otras temporadas, Isco ha mostrado una enorme regularidad en su juego este curso, ha sido decisivo en muchos partidos de Liga y la guinda la puso en la vuelta de la semifinal de Champions en el Calderón, donde dio un recital.

“Aquí estoy yo”

Pese a que es un jugador muy ambicioso y no se conforma con tener un papel residual, en su momento supo entender su situación esperar su momento. Durante un tramo del curso Zidane optaba por otros y a Isco le costaba entrar en la rueda, pero él sabía que la única manera de cambiar eso era trabajando y demostrando al galo que podía ayudar y mucho al equipo, y al final lo ha corroborado sobre el césped.
Isco se apoyó en sus compañeros, que nunca han dudado de él. Le llaman “Magia” en el vestuario, y con eso queda prácticamente todo dicho. Saben de las cualidades del malagueño y le han ayudado a sacarlas, tanto ellos como el propio Zidane, que no hay que olvidar que fue clave para su llegada en 2013. Isco ha demostrado madurez esta temporada, amor propio y orgullo, ha dicho “aquí estoy yo” y se ha ganado un sitio en el Real Madrid, su sueño de siempre.