La Liga en Cristiano


El Real Madrid tiene la Liga en Cristiano. La tiene a huevo. La tiene encargada y todo gracias a otra portentosa actuación del Di Stéfano del siglo XXI, que asaltó Balaídos con un doblete monumental y puso a su equipo mirando a La Cibeles. Luego el duelo se enredó, Guidetti hizo el 1-2 con el Celta con diez, pero en un minuto Benzema zanjó las esperanzas celestes con el 1-3. Al Madrid sólo le falta el último pasito, un empate al menos en Málaga, para ganar su Liga número 33.
Penúltima cucharada de Liga. El Real Madrid se plantaba en Balaídos dispuesto a saldar cuentas con el calendario y recuperar el liderato (virtualmente) perdido. Parafraseando aquel anuncio de detergente, Zidane debió pensar aquello de “el rotar se va a acabar”. En el once estaban todos los que son. Los sanos, digo. Los mismos del Calderón y los mismos que, lesiones y tarjetas mediante, repetirán en Málaga… y en Cardiff.
Nacho, perdonado a última hora por Apelación, aguardaba turno en el banquillo. Jugaban Keylor; Danilo, Varane, Ramos, Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric, Isco; Benzema y Cristiano Ronaldo. El equipo A, vamos. Era una noche para que los actores principales del Real Madrid salieran al escenario y dieran un paso al frente.
Arrancó fuerte el Real Madrid. Monopolizaba la pelota y raudo puso cerco al área de Sergio. Toque, ataque y ambición. El Celta intentaba presionar muy arriba para hacer a los de Zidane lo que Montoro con los impuestos: ahogarles a todos. No le temblaba el pie al Madrid, que circulaba la pelota con velocidad y precisión.
Una combinación vertiginosa entre Modric y Benzema por la banda derecha dio al Real Madrid su primera llegada peligrosa al área del Celta. Hugo Mallo metió un pie providencial. Era el minuto cinco. No perdían los de Berizzo la cara al partido cuando tenían el balón y buscaban con mucha movilidad de posiciones asomarse a los dominios de Keylor.

Cristiano no perdona

Y a la segunda el Real Madrid no perdonó. Fue en una transición rápida que lanzó Marceo y condujo Isco en paralelo a la frontal del área. Hugo Mallo metió el pie y se la robó, pero la pelota cayó a los pies de Cristiano Ronaldo en la frontal del área, que es como dejar que el juez Velasco investigue a un miembro del PP: mortal de necesidad. Cristiano se hizo hueco y se marcó un zurdazo monumental, como un misil tierra aire, una pedrada tirada con el pie, que se coló cerca de la escuadra de Sergio.
El crack luso corrió a abrazarse con todos sus compañeros de banquillo. El gol sabía a Liga. Los gritos se escucharon en Madeira. El Real Madrid estaba en el escenario soñado: gol tempranero, buen fútbol y el Celta dejando jugar y unos espacios a sus espaldas como las fincas de la Duquesa de Alba.
No se arredraron los de Berizzo y mantuvieron firme su propuesta por la presión y el buen gusto con la pelota. Loable y arriesgado a partes iguales. Dejar que el Real Madrid juegue a campo abierto es comprar las cuchillas para cortarse las venas. Un disparo alto de Pione Sisto en el 24 fue el aviso del Celta de que el Madrid aún no había ganado en Balaídos.
Respondieron los de Zidane con otra maniobra de la conexión Modric-Benzema que iba camino de los pies de Cristiano Ronaldo y del 0-2 cuando apareció salvador Roncaglia, de nombre Facundo. Los ataques del Real Madrid eran estampidas de búfalos con botas de fútbol. Cada vez que aceleraban, los blancos (negros en Vigo) creaban peligro.

Intercambio de golpes

El Celta dio el susto con una falta de Wass en el 29 que rechazó como pudo Keylor Navas. Roncaglia quiso pescar el rechace, pero estaba en fuera de juego. No se rendían los de Berizzo, como si un repleto maletín invisible –haberlos, haylos– les insuflara adrenalina en las venas y fútbol en las botas. El Real Madrid pasaba por una fase de apurillos. Aspas también la tuvo en el 35, pero su disparo se estrelló contra el lateral de la red. Y volvió a tirar, algo desviado, Iago en el 36.
En el 42 Munuera no pitó un penalti a Benzema, jugada de la que el francés se quedó renqueante del tobillo. Pero dos minutos después pudo marcar Karim el gol del cojo, pero su disparo le salió flojito y centrado, así que lo pudo desviar el meta Sergio. Y con esa ocasión nos fuimos al descanso.
Salió el Celta vertical en la reanudación. Una prima es mucha prima, ya me entienden. Trataba el Real Madrid de distraer el juego con la posesión de la pelota. Si la tengo, no sufro, debía pensar Zidane. En el 47 se entretuvo Guidetti en el área y de su lío nació la contra del líder. Contra letal. Contra feroz. Contra para el 0-2. El Madrid corrió. Isco aceleró la contra y asistió a Cristiano Ronaldo que (otra vez) no perdonó. Se plantó en el área de Sergio y le batió junto al palo derecho. El Real Madrid encargaba la Liga.

Cristiano no perdona II

Con el duelo encarrilado Zidane maquinaba cambios. Calentaban Kovacic y Asensio. El Real Madrid rondaba el 0-3 en cada contra. La pelota era del Celta, con los negros replegados y fiando todo a su eléctrico contragolpe. Con un lanzador como Isco y un viejo sprinter como Cristiano todo es más fácil. Apenas estábamos en el 56, pero el partido parecía resuelto.
El Celta acusó el segundo mamporro de Cristiano y no encontraba manera de meterle mano al Real Madrid. Iago Aspas se desesperaba y los de Zidane manejaban el juego con solvencia y comodidad. En plena desesperación Aspas vio la segunda amarilla por exagerar una caída en el área tras un toquecito en el área de Sergio Ramos. El delantero del Celta se tiró como si le hubieran disparado y Martínez Munuera le sacó la segunda amarilla por fingir.
El duelo se embarró. El colegiado, nervioso perdido, tampoco vio un penalti a Cristiano Ronaldo, agarrado claramente en el área. Balaídos protestaba cada acción como si estuviera en las semifinales de la Europa League, aunque su equipo no se jugaba nada. Una buena de mano de Keylor a Wass en el 67 dio noticia de que el Real Madrid se había ido del partido.
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